29 de abril de 2012

Lazarillo de Tormes: nuevos descubrimientos de Francisco Rico

Lazarillo de Tormes: nuevos descubrimientos de Francisco Rico:
Artículo de Francisco Domínguez Pastoriza, profesor de Información cultural de la Universidad complutense de Madrid, en http://www.periodistas-es.org

[Una nueva edición del clásico de la Literatura española, a cargo de la Real Academia, trae de nuevo a la actualidad las diversas teorías sobre su autoría]
Francisco R. Pastoriza*
La Real Academia de la Lengua acaba de añadir cuatro nuevos volúmenes a su canónica biblioteca de clásicos: “La Dorotea” de Lope de Vega, “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España” de Bernal Díaz del Castillo, “La Celestina” de Fernando de Rojas y “Lazarillo de Tormes”, de autor desconocido, todos ellos editados por Galaxia Gutenberg-Círculo de lectores. Así pues, tenemos entre manos una nueva edición del “Lazarillo de Tormes”, a cargo esta vez de Francisco Rico, uno de los mejores expertos en esta obra anónima cuya lectura tiene la virtualidad de revelar nuevos descubrimientos en cada ocasión.
UN PERSONAJE EN BUSCA DE AUTOR
Durante los últimos años “Lazarillo de Tormes” ha venido ocupando periódicamente la actualidad de los medios de comunicación a raíz de varias investigaciones acerca de la autoría de la obra, llevadas a cabo desde diversos campos. Una de las primeras atribuciones que se manejaron acerca del posible autor del “Lazarillo de Tormes” fue la del fraile jerónimo Juan de Ortega, en cuya celda se encontró uno de los ejemplares más antiguos de la obra, aunque ya algunos escritores del siglo XVII habían señalado a Diego Hurtado de Mendoza como el verdadero autor. En la actualidad se conocen cuatro ediciones del siglo XVI: las de Burgos, Amberes, Alcalá de Henares y Barcarrota (en esta localidad extremeña próxima a la frontera con Portugal se encontró en 1992, emparedado, un ejemplar de 1554 perfectamente protegido por un lecho de paja, junto a otros 10 libros de la época y un manuscrito, lo que ha dado lugar a numerosas especulaciones).
Otra de las hipótesis consideradas como más verosímiles durante muchos años fue la de que el autor del Lazarillo era el escritor toledano Sebastián de Horozco, debido a las semejanzas entre la prosa de esta obra y la de sus escritos. Lope de Rueda, Pedro de Rhúa, Hernán Núñez de Toledo, Juan y Alfonso de Valdés, Francisco Cervantes de Salazar… fueron otros tantos escritores a los que en un momento u otro los investigadores trataron de atribuir la autoría de “Lazarillo de Tormes”. Incluso hay teorías, como la del historiador Jordi Bilbeny, que aseguran que el origen de la obra es valenciano (Lázaro habría nacido en Tormos), que sus episodios discurren entre Valencia y Gandía y que el original habría sido escrito en catalán por Joan Lluis Vives o Joan Timoneda. Bilbeny asegura que el texto fue prohibido por tratarse de una alegoría de la revuelta de las Germanies contra el Rey y el Papa. El catedrático de Literatura de la UNED Francisco Calero atribuye también la autoría de la obra al humanista valenciano Lluis Vives.
ÚLTIMAS INVESTIGACIONES
Durante los últimos años circuló como muy verosímil la investigación de la catedrática de Literatura Rosa Navarro, quien atribuía la obra a Alfonso de Valdés, secretario de cartas latinas del emperador Carlos V, quien murió víctima de la peste en Viena en 1532. Para los investigadores, la fecha de la muerte de Valdés lo descartaba como autor del Lazarillo, ya que la obra tenía acreditada su aparición en 1553. La teoría de la profesora Navarro sitúa sin embargo la fecha delLazarillo en 1530, más de veinte años antes de la que se venía manejando desde siempre, circunstancia que haría posible la autoría de Alfonso de Valdés. Según la profesora Navarro, la interpretación de la obra ya no sería simplemente la autobiografía de un pícaro sino una sátira erasmista que tenía como objeto central a la figura del amo, así como una crítica a los estamentos del clero y la corte. Este sería el motivo por el que Alfonso de Valdés mantendría el anonimato de la obra, ya que su conocimiento por la Inquisición pondría en peligro su vida. Este autor ya había criticado a los cortesanos y a la Iglesia en sus obras “Diálogo de Mercurio y Carón” y “Diálogo de las cosas acaecidas en Roma”. A pesar de su origen judío y su erasmismo conocido, Alfonso de Valdés gozaba de la protección de Carlos V, en cuya defensa había escrito los Diálogos.
La última de las investigaciones sobre el autor del “Lazarillo de Tormes” se debe a un exhaustivo trabajo de la prestigiosa paleógrafa Mercedes Agulló publicado en 2010 (“A vueltas con el autor del Lazarillo”. Ed. Calambur) y viene a atribuir la autoría a Diego Hurtado de Mendoza. Según esta investigación, un legajo con las correcciones hechas para la impresión del Lazarillo formaba parte del inventario de los bienes de Juan López de Velasco, papeles que recibió cuando se hizo cargo de la administración de la herencia de Hurtado de Mendoza en 1582. López de Velasco, cosmógrafo, gramático e historiador, fue secretario de Felipe II y éste le había encomendado reunir los primeros volúmenes para formar la biblioteca de El Escorial. También recibió del rey el encargo de censurar la edición conocida del Lazarillo para poder sacarlo del Catálogo de libros prohibidos, en el que estaba, por obsceno e irreverente, desde 1559. Así pues, Diego Hurtado de Mendoza sería, por fin, el verdadero autor del Lazarillo.
La nueva edición del “Lazarillo de Tormes” de la RAE que ahora se publica no reconoce oficialmente como verdadera ninguna de estas investigaciones. En la introducción a la obra, Francisco Rico señala que el verdadero nombre del autor “sigue ocultándosenos, y es de temer que sin remedio”. Porque, en rigor, añade Rico, el Lazarillo “no es tanto un libro anónimo, de pluma ignorada, como, más propiamente, un libro apócrifo, atribuido a un falso autor, el propio protagonista”.
UN ALATRISTE DE VERDAD
Diego Hurtado de Mendoza (1500-1575) fue uno de los personajes más fascinantes de la historia del siglo XVI español. Era nieto del Marqués de Santillana e hijo de Iñigo López de Mendoza, Capitán General del Reino de Granada, por lo que nació en la Alhambra, donde su padre tenía la residencia oficial. Hermano de María Pacheco (esposa del comunero Francisco Maldonado), Hurtado de Mendoza recibió una cuidada formación humanística (su padre se trajo expresamente de Italia al humanista Pedro Mártir de Anglería para que se ocupase de su educación) y ejercitó simultáneamente el dominio de las armas. Fue delegado del emperador Carlos V en el Concilio de Trento y embajador en Inglaterra (durante el reinado de Enrique VIII), Roma y Venecia, donde fue protector de Tiziano. Durante sus años de gobernador en Sienna fue acusado de malversación después de sofocar una sublevación contra el emperador, acusación de la que fue declarado inocente treinta años después. Adorado por Carlos V, fue odiado sin embargo por Felipe II, quien lo desterró a Medina del Campo tras un duelo. Durante su exilio en Granada dirigió los ejércitos de su sobrino el marqués de Mondéjar para sofocar la sublevación de los moriscos. Hurtado de Mendoza representa el ideal renacentista de unión de las armas y las letras. Amigo de Teresa de Jesús, con la que mantenía largas conversaciones, escribió una obra literaria de gran calidad (“Epístola a Boscán”, “Fábula de Hipómenes y Atalanta”) y una crónica histórica nada desdeñable, la “Guerra de las Alpujarras”.

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